
Soy un alma en busca de un camino, ser cuyo propósito es descubrir el sentido de lo que me rodea y en ello la esencia de mí mismo; es una búsqueda constante que no acaba hasta conseguir lo que quiero: la trascendencia, la eternidad de yo conmigo mismo y para ello alcanzo varias etapas, varios niveles en mi vida. Pruebo un manjar y otro, algunos puede que estén podridos, pero los pruebo al fin para conocer cuál es mí ambrosía.
Lo desconocido es para mí un mundo de tinieblas, un laberinto nocturno ausente de estrellas que iluminen mi camino, pero eso sólo desencadena en mí un espíritu de aventura y excitación ante el riesgo, el peligro, la desilusión y la muerte. No se qué encontraré allí, tal vez algo que sólo sea mío, tal vez algo que sea de todos, pero encontrar algo será mi destino.
Cuando escribo me revelo ante los demás, en un intento de ser entendido, de drenar mi alma y purificarla y en ese fluir interior me conozco.
En la afonía escucho una voz interna, me conecto con lo más profundo de mi ser, voy encontrándome con lo oculto de mi espíritu; es mi inconsciente quien me habla como en un sueño lúcido. Me encuentro aturdido, pues grita lo que desconocía y me siento sincero conmigo.
Quería aventurarme a lo desconocido y me volví fiero pues a través de la gloria encontré un camino para inmortalizarme por medio del recuerdo. Perdurando en la memoria de quienes me admiraban y me temían. Me encontré en mi camino contigo, contigo y contigo y vi que me importaban, pues eran como yo... y seguí caminando.
La guerra no fue para mí el todo, el todo soy yo, regresé a mí, con una nueva perspectiva… el camino ha sido largo y aún me queda mucho que recorrer. Probé la poesía, probé la guerra y el silencio, movido por mis ansias de conocer… estoy descubriendo quién soy… ¿Será que algún día me detendré? Y cuando me encuentre ¿cómo sabré que lo he logrado?
Andrea Felce